Por qué pedís tres presupuestos y salen tres mundos distintos
Porque “una web” no describe nada. Es como pedir presupuesto para “un vehículo”.
Cuando recibís tres propuestas muy separadas entre sí, lo habitual no es que una sea cara y otra barata: es que están cotizando tres cosas diferentes y las tres se llaman igual. Una incluye el diseño desde cero, otra adapta una plantilla comprada, y la tercera ni siquiera dice cuál de las dos cosas hace.
Así que antes de comparar números, hay que saber qué estás comparando. De eso va este artículo.
De qué depende de verdad
Si el diseño es tuyo o es de otro. Una plantilla comprada es rápida y barata, y se nota: hay miles de sitios con esa misma estructura. Un diseño propio parte de tu negocio y de a quién le hablás. La diferencia de precio entre las dos cosas es grande y es honesta.
Cuántas páginas distintas hay, no cuántas páginas hay. Diez páginas de servicio con la misma estructura son una plantilla y nueve rellenos. Cuatro páginas con cuatro maquetas distintas son cuatro trabajos. Esto explica muchas diferencias entre propuestas.
Si hay contenido que se administra. Un sitio de cinco páginas fijas y un sitio con catálogo, blog o fichas que alguien carga después no son el mismo producto. El segundo necesita que se defina qué campos existen, quién los edita y cómo se ve el resultado.
Si vende online. Una tienda suma pasarela de pago, gestión de stock, impuestos, envíos y estados del pedido. Es otro proyecto, no una web con un botón de comprar.
Quién escribe los textos. Es el factor que más presupuestos descuadra. Si los escribe el proveedor, es trabajo que se cobra. Si los escribís vos, hay que contar con que es trabajo igual, solo que lo hacés vos y tarda lo que tarde.
Si hay varios idiomas. Y, en España, si alguno de ellos es una lengua cooficial. No es traducir y ya: es decidir qué se traduce, cómo conviven las versiones y cómo se le indica a Google cuál corresponde a quién.
Si hay un sitio anterior. Migrar contenido, mantener las URLs antiguas y redirigir lo que cambia es trabajo real, y es lo que evita perder de golpe el posicionamiento que ya tenías.
Lo que no suele estar en el número
Tres cosas que casi nunca aparecen en la propuesta y aparecen después.
Lo que se paga todos los años. El dominio, el alojamiento, los certificados y, si el sitio usa plugins de pago, sus licencias. Son importes pequeños comparados con el proyecto, pero son recurrentes y conviene saber cuáles son y a nombre de quién quedan.
El mantenimiento. Un sitio no es un cuadro: el software que lo sostiene se actualiza. Preguntá si el mantenimiento está incluido, si se cobra aparte o si simplemente no existe — que también es una respuesta válida si el sitio es sencillo.
Las fotos. Si el proyecto depende de imágenes y no las tenés, alguien las tiene que conseguir o producir. Un sitio bien construido con fotos malas se ve como un sitio malo.
Señales de que un presupuesto va a dar problemas
No dice quién es el dueño de las cosas. Dominio, alojamiento y accesos tienen que quedar a tu nombre. Si no está escrito, preguntalo antes de firmar: es la diferencia entre tener una web y alquilarla sin saberlo.
Garantiza posiciones en Google. Nadie puede garantizarlas. Quien lo promete está vendiendo otra cosa.
No dice cuántas revisiones entran. “Hasta que quedes contento” suena bien y termina mal para los dos. Un número concreto es mejor señal que una promesa amplia.
Es un precio sin alcance. Un número solo, sin decir qué páginas, qué se administra y qué pasa después de la entrega, no es un presupuesto: es una cifra.
Cómo comparar dos propuestas que no se parecen
Poné las dos al lado y respondé lo mismo para cada una:
- ¿El diseño es propio o es una plantilla adaptada?
- ¿Cuántas maquetas distintas hay, no cuántas páginas?
- ¿Qué voy a poder cambiar yo después, sin llamar a nadie?
- ¿Quién escribe los textos?
- ¿Qué pago cada año y a nombre de quién queda?
- ¿Qué pasa si a los seis meses necesito algo nuevo?
Cuando contestás esas seis para las dos propuestas, casi siempre pasa lo mismo: la diferencia de precio deja de ser un misterio y se convierte en una decisión.
Y entonces, ¿cuánto cuesta?
Depende de cuántas de esas respuestas apunten a trabajo real. Un sitio sencillo, con pocas páginas y sin contenido administrable, está en un terreno. Un sitio con catálogo, panel propio y varios idiomas está en otro muy distinto, y es correcto que así sea.
Si querés un número de tu caso en vez de un rango de internet, contame qué negocio tenés, cuántas páginas distintas ves y qué vas a necesitar cambiar vos después de la entrega. Con eso se puede hablar de cifras concretas.